“Entre los votantes de Milei, hay adhesiones identitarias y otras coyunturales”

70

El sociólogo Gabriel Kessler, en diálogo con Batalla Cultural de El Destape, analiza mediante un estudio cualitativo en tiempo real la evolución y las tensiones en la imagen del presidente Javier Milei entre sus votantes. La investigación monitorea cómo el electorado ajusta sus expectativas y justifica las medidas económicas, detectando un “crujido” en la valoración presidencial ante el impacto económico directo.

El estudio revela la persistencia de un núcleo duro pese al desencanto económico

Junto a Gabriel Vommaro, analizaron el comportamiento y la lealtad de los votantes de Javier Milei desde el inicio de su gestión. Se realizó un seguimiento cualitativo con 50 participantes para entender si el apoyo electoral inicial se ha consolidado en un “núcleo duro” o si el desencanto ante las medidas del Gobierno podría fracturar su base electoral. Kessler afirma que “el contrato entre el mandatario y sus votantes es fundamentalmente económico“. A pesar de la caída en el poder adquisitivo y la inflación, gran parte de los encuestados sostiene su apoyo bajo la premisa de un “sacrificio cívico” necesario por el país, comparándolo con la gestión anterior. Hay una narrativa oficial de antikirchnerismo y lucha contra la corrupción que actúa como un pegamento que permite a los votantes tolerar transgresiones o políticas que, en otro contexto, habrían generado un rechazo inmediato.

Respecto a la memoria reciente, al consultar sobre la última dictadura y los derechos humanos, los investigadores hallaron que, para la mayoría de los votantes de Milei, estos temas son percibidos como cuestiones “del pasado” o “cosa juzgada”. Existe una marcada indiferencia más que un rechazo activo a los consensos democráticos, distanciándose así de las posiciones más radicales sobre los años 70

La investigación también destaca cómo el dispositivo comunicacional del Gobierno ha sido eficaz para instalar “marcos interpretativos” que desvían la atención de reclamos sectoriales. Temas como el financiamiento universitario o los recortes en pensiones por discapacidad son decodificados bajo la lógica de la sospecha sobre lo público y la transparencia, logrando que los votantes validen el ajuste bajo preguntas clave como “¿cuánto cuesta y quién lo paga?”

Sobre la lealtad política, Kessler enfatiza que, a pesar de los altibajos en la imagen del Presidente, los participantes muestran una fuerte identidad negativa hacia el peronismo/kirchnerismo. Esta fuerza, común en sistemas con balotaje en América Latina, funciona como un freno: ante la pregunta de si volverían a votarlo, la respuesta mayoritaria sigue siendo afirmativa, ya que no encuentran una alternativa superadora.

Los jóvenes emergen como un segmento particular en este análisis. A diferencia de los votantes más identificados con el estilo “mileísta”, muchos jóvenes rechazan la idea de ser fanáticos o “militantes” de un líder, apoyando a Milei más por coincidencia de ideas que por lealtad ciega. Este grupo tiende a ser menos permeable a las disputas de la “vieja política”, concentrándose en una agenda disruptiva y en la promesa de cambios estructurales.

Finalmente, los autores advierten que, si bien el núcleo duro parece resistente, el futuro de la imagen de Milei dependerá estrechamente de la evolución de la economía real. Mientras los votantes mantengan el recuerdo de la gestión anterior y la inflación se estabilice, el apoyo persiste; sin embargo, cualquier deterioro agudo de la situación social tiene el potencial de erosionar ese contrato tácito, poniendo a prueba la estabilidad de la alianza entre el votante y el proyecto libertario