Acciones y acompañamiento en el barrio José Luis Cabezas de Ensenada

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Lucas Alzugaray comenta las tareas de investigación/extensión que el equipo radicado en el IdIHCS realizó en distintos momentos del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio en el barrio que ha sido uno de los primeros en sufrir un brote considerable de COVID-19 en la región. Precisa los datos con los que contaron a partir del censo que realizaron en 2016 y destaca la relevancia de la articulación entre la investigación social, la extensión universitaria y la transferencia, no sólo para ampliar conocimientos sino para intervenir en situaciones extraordinarias como la pandemia.

En un primer momento, cuando se inicia el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, se realizó un monitoreo telefónico sobre la situación en el barrio a través de contactos con los referentes barriales: “Nos sumamos a una iniciativa de la Comisión de Ciencias Sociales de la Unidad Coronavirus Covid-19 del MINCyT con el fin de recabar el impacto social de las medidas de aislamiento en todos los barrios populares del territorio nacional.”

El director del proyecto de extensión ‘Salud, ambiente y promoción de derechos en el
barrio José Luis Cabezas.’ subraya que en ese contexto aparecían tres o cuatro cuestiones centrales: “los referentes señalaban un elevado cumplimiento de las medidas aunque bajo la modalidad comunitaria, los trabajadores podían entrar y salir mientras que el resto permanecía en el mismo aunque no necesariamente en sus viviendas”.

Según datos de un censo realizado en 2016 por los equipos radicados en el IdIHCS con larga trayectoria de trabajo sobre condiciones de vida, desigualdad y pobreza en barrios populares del Gran La Plata, casi un 20 por ciento de los trabajadores del barrio son los que hoy denominamos esenciales vinculados a la salud/cuidado y un 11 por ciento de los hogares vivían en en situaciones de hacinamiento crítico. Aclara que: “este último es un indicador muy relevante puesto que es uno de los que más incidencia tiene cuando se mide la pobreza a través del método de las necesidades básicas insatisfechas, es decir la ‘Pobreza Estructural'”.

Alzugaray detalla que había preocupación por la escasez y encarecimiento de productos esenciales como lavandina, jabón o alcohol en gel; y una preocupación por la situación laboral. “La gran mayoría de los trabajadores del barrio dependen de salir todos los días a trabajar para obtener sus ingresos, lo cual daba cuenta de la fuerte incidencia del fenómeno de la informalidad laboral, con 30 por ciento de cuentapropistas y 70 por ciento de asalariados no registrados”, aclara.

Un segundo momento estuvo ligado al inicio del brote del COVID-19, ocasión en la que continuaron con el monitoreo pero lo ampliaron a distintas familias a fin de brindar contención. Ante ese escenario explica que surgieron angustias, preocupaciones y temores sobre dos cuestiones sustantivas, por un lado la posibilidad del contagio, y por otro la estigmatización social. “Hay que recordar que es un barrio formado por familias de origen peruano, cuyos habitantes tienen una larga trayectoria de
padecimientos y hostigamiento social que el COVID viene a reforzar o profundizar. Ligada a esta cuestión aparecía también la preocupación sobre la reinserción laboral luego de que el virus fuera controlado en el barrio y que haya flexibilización en las medidas de aislamiento”.

Los vecinos valoraban muy fuertemente la intervención estatal a través de los municipios de Berisso y Ensenada; y aparecía una demanda vinculada a sus patrones alimentarios. “Hay una alta valoración del consumo de frutas, verduras y hortalizas en su dieta y logramos hacer una contribución enviando mercaderías frescas, alcohol en gel, jabón y lavandina en articulación con los municipios de Ensenada y Berisso, y a través del Consejo social de la UNLP y la Secretaría de Extensión de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.

Finalmente, destaca la relevancia de la articulación de la investigación social, la extensión
universitaria y la transferencia, no sólo para ampliar conocimientos sobre los barrios populares
(que son heterogéneos, con desigualdades en su interior) sino también para diseñar con mejor precisión estrategias de intervención tanto en el marco de la cotidianidad como en situaciones extraordinarias como la que nos coloca la pandemia.