Memoria e investigación científica a medio siglo del último golpe de Estado.

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El pasado 24 de marzo se cumplieron cincuenta años de aquel día fatídico en el que las Fuerzas Armadas, deponiendo al gobierno democráticamente electo, tomaron el poder en nuestro país, para inaugurar así la más brutal dictadura en la historia de un siglo XX atravesado por ellas.

El sistema científico se ha sumado de diversos modos a la conmemoración de este medio siglo. El 19 de marzo, en Presidencia de la UNLP tuvo lugar un acto institucional que abre una larga serie de actividades a lo largo y a lo ancho de la Universidad. Entre ellas, cuenta el Encuentro Cultural “Memorias que insisten”, organizado en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, con el apoyo y la participación de nuestro Instituto. Por su parte, tanto la Red de Directores de Centros Científicos Tecnológicos de CONICET como el CCT-CONICET La Plata han hecho públicos sendos mensajes, que dejan clara la posición del sistema científico en la promoción, profundización y apoyo de las políticas de memoria, verdad y justicia.

La indagación en esta memoria traumática de nuestro pasado aún vivo y reciente constituye para el IdIHCS un compromiso sostenido, y un objeto de investigación privilegiado. Por este motivo, consultamos a tres destacadas especialistas, investigadoras del IdIHCS y docentes de la FaHCE-UNLP, acerca de la relación entre este medio siglo del golpe, la investigación en humanidades y ciencias sociales y la coyuntura actual, para el país en general y la Universidad y el sistema científico en particular.

Ana Barletta, integrante de la Comisión Provincial por la Memoria, es Profesora emérita de la FaHCE, donde fue Decana por dos períodos y coordina actualmente la Maestría en Historia y Memoria. Referente nacional e internacional en materia de investigación y políticas de la memoria, nos dice que “la batalla por la memoria, la verdad y la justicia es una batalla larga y sigue vigente porque la democracia no pudo aún eliminar una parte importante de la herencia de aquellos años siniestros”. Destacando la abundancia, el rigor y la calidad de la producción científica de los últimos 25 años sobre el tema, especialmente en nuestra comunidad, trae la persistencia de este trabajo hasta el presente, con l”a reciente identificación de restos óseos de 12 personas desaparecidas en el ex Centro Clandestino de Detención “La Perla”, dentro de la Guarnición Militar La Calera, tras excavaciones realizadas bajo la dirección del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), hallazgo que nos actualiza una cuestión evidente: el silencio impenetrable de los perpetradores y el activismo fructífero del vínculo virtuoso entre DDHH y Ciencia”.  Sobre la coyuntura actual, menciona que “el pasado nos pide una constante reinterpretación que implica, además, el desafío de trasmisión a las nuevas generaciones para intentar la reconquista de caminos de resistencia y emancipación”. Así, destaca el imperativo de la reflexión histórica “porque la disputa de sentidos sobre este pasado no ha caducado y nos impone mantener vivas preguntas todavía irresueltas”.

Lucía Abbattista, Prosecretaria de Derechos Humanos de la FaHCE, docente de esta Casa e investigadora del IdIHCS, también se sumó a este intercambio. La coyuntura, nos dice en una contribución que puede leerse completa aquí, “nos obliga a repensar cómo hemos interpretado y enseñado ese pasado”, en un contexto en el cual el desfinanciamiento de las universidades públicas y de la investigación científica aparecen como dos emergentes críticos de un general “desmantelamiento de un modelo de Estado forjado con gran protagonismo popular a comienzos del siglo XXI”. El retorno a la agenda pública de temas que parecían saldados y el recrudecimiento de políticas y consecuencias de las mismas que inevitablemente recuerdan las de aquellos años, emergen como demandas para nuestras disciplinas, que “tienen mucho que decir al respecto, sin duda, pero quizás hagan falta nuevas preguntas”. Dando un espacio central a la reemergencia de una pregunta que viene atronando como demanda en las movilizaciones de estos días –que nos digan dónde están–, repone la voz de los movimientos de derechos humanos y su innegable vigencia y centralidad en nuestra sociedad, para finalmente situar en este contexto nuestro espacio y nuestra labor:

Nuestra Facultad y nuestro Instituto son espacios de participación y trabajo intergeneracionales. Hay entre nosotrxs sobrevivientes de la dictadura, compañerxs de lxs desaparecidoxs, presxs políticxs, cesanteadxs y exiliadxs, tenemos también referentes de la generación de los HIJOS y de nietes. Conversar siempre, conversar más, sobre esa experiencia, es clave en términos personales e institucionales, para reconocer los proyectos que quedaron truncos y los impulsos que se perdieron a partir de las ausencias forzadas. También serán esos diálogos y encuentros los que nos permitirán reconocer todo lo que nuestras disciplinas aún pueden aportar a las iniciativas de memoria, verdad y justicia, iniciativas que necesitan recrearse para este nuevo contexto y son claves para poder imaginar otros futuros.

Por su parte, Fernanda Tocho, becaria posdoctoral CONICET en nuestro instituto y secretaria académica de la maestría en historia y memoria, arroja luz sobre la compleja situación actual en el ámbito específico de los estudios de historia reciente en Argentina, cuyo amplio desarrollo e intensa vitalidad en lo que va de este siglo se explican por la demanda social de comprender un pasado de violencia estatal y represión. Nacido al calor de la movilización por los derechos humanos, la memoria, la verdad y la justicia, así como de unas políticas de Estado que fortalecieron al sistema científico y de educación superior de manera inédita, este campo se caracterizó por “su vocación de intervención pública”. Así, nos dice, “la historia reciente se construyó en diálogo constante con la sociedad: participó en debates públicos, colaboró con la justicia, impulsó la creación y el trabajo en sitios de memoria, produjo materiales educativos y aportó a la construcción y organización de archivos”. La encrucijada del presente, con sus amenazas y desafíos, arroja también una enseñanza hacia el futuro: “La experiencia argentina muestra que existió —y puede volver a existir— un círculo virtuoso entre ciencia, universidad, derechos humanos y democracia (…)  si se deterioran la ciencia, la educación pública y la memoria, también se debilita la posibilidad de sostener el “Nunca Más” como una práctica efectiva.”

Pueden acceder al texto completo de cada una de estas contribuciones desde los siguientes links: